Un estudio liderado por el Instituto de Investigación en Cambio Global (IICG-URJC) revela que las plantaciones de pino no llegan a reproducir la comunidad de hormigas característica de los bosques maduros, incluso después de más de cien años. En estos bosques de referencia predominan especies asociadas a hábitats forestales, a diferencia de las plantaciones, dominadas por especies más generalistas.