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Lunes 02 de Marzo de 2026 a las 07:00

Cocinar y comer en compañía contribuye a estar más alegres

Cocinar y comer en compañía contribuye a estar más alegres Cocinar y comer en compañía contribuye a estar más alegres

Un estudio realizado por la URJC, la Sociedad Española de Neurología y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III, e impulsado por IKEA, concluye que la calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y de vivir el momento presente.

Redacción/Raúl García Hémonnet

 

Otra de las conclusiones principales, de este ambicioso trabajo apunta que “el bienestar se alcanza con la combinación de comida casera, acompañada y sin pantallas. Por el contrario, comer frente a una pantalla activa un estado cerebral similar a la alerta, impidiendo la degustación y convirtiendo el acto de comer en un simple trámite. Solo el 2 % de la muestra realiza sus comidas en un entorno libre de dispositivos electrónicos. En este sentido, la población más joven presenta una especial vulnerabilidad al aislamiento social asociado al uso de dispositivos digitales”.

El estudio es fruto de dos investigaciones complementarias que se han realizado de manera simultánea entre agosto y diciembre de 2025.

Identificando emociones a la hora de cocinar y comer

 La compañía humana es el principal impulsor de bienestar durante la preparación y consumo de alimentos, superando ampliamente a cualquier interacción digital. Esta es una de las principales conclusiones a la que llega el estudio “Identificando las emociones en los hábitos culinarios con IA y equipos biométricos”, elaborado por la SEN y la URJC.

Así, cocinar acompañado triplica la emoción de alegría en nuestro cerebro que aumenta en un 232%, con respecto a hacerlo solo. La presencia de otras personas transforma una actividad rutinaria en una experiencia emocionalmente positiva, reforzando la idea de que la socialización alrededor de la comida sigue siendo un pilar de bienestar.

Por otra parte, según esta investigación, comer acompañado reduce el sentimiento de rechazo en un 23,5%. La compañía rompe la neutralidad funcional de la tarea, que deja de verse como un “trámite” y la convierte en una experiencia positiva.

En realidad, esta investigación demuestra científicamente que la calidad emocional de nuestra alimentación depende menos de los alimentos que hay en el plato y mucho más de con quién compartimos la comida, de la desconexión digital y de vivir el momento presente. Así, el estudio ha demostrado que la compañía humana no puede ser sustituida por estímulos digitales o dispositivos electrónicos. Estar acompañado mejora la absorción de nutrientes (se come más despacio) y reduce el riesgo de obesidad al facilitar la saciedad consciente.

En contraste, según el mismo estudio, el uso del teléfono móvil y otros dispositivos electrónicos durante las comidas ejerce un efecto negativo: no provoca tristeza de manera directa, pero aplana las emociones positivas, hasta reducir la alegría en un 32%. Además, su presencia incrementa el estrés y genera una experiencia emocional peor que comer solo. Según apunta este estudio, los contenidos digitales, al activar un estado de alerta y fragmentar la atención, dificultan la degustación consciente y deterioran la percepción sensorial de los alimentos.

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Respecto al tipo de comida, aunque no hay grandes diferencias, la comida procesada genera una leve respuesta de "miedo" o desconfianza biométrica (+1,56 puntos), posiblemente por la falta de control sobre el origen del producto y del “arte” del cocinado; además de también reducir ligeramente la emoción de la alegría.

Para Ana Reyes, catedrática en Comercialización e Investigación de Mercados en la Universidad Rey Juan Carlos “gracias al uso de equipos biométricos e IA en el estudio hemos podido obtener más de 250.000 datos que se han codificado para medir científicamente el impacto que tiene de forma inconsciente el desarrollo de hábitos culinarios, solo acompañado, y especialmente el impacto que tiene en el bienestar emocional el uso del teléfono”. 

Por su parte, el Dr. Jesús Porta, presidente de la Sociedad Española de Neurología añade que “la colaboración de un equipo multidisciplinar ha sido clave para que este estudio no solo pueda medir de forma objetiva las emociones que se producen durante los hábitos culinarios, sino también dotar de significado a esos datos desde el conocimiento de las ciencias neurológicas, permitiéndonos evaluar el bienestar emocional asociado a la experiencia de cocinar y comer”.

Los hábitos y la compañía en la mesa

Cómo y con quién comemos son claves según el estudio “Impacto de la Digitalización en los Hábitos Alimentarios”, elaborado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III. Según el estudio de CIBEROBN la comunicación humana es un factor protector de la salud alimentaria. Así, charlar en la mesa se asocia a patrones de ingesta más saludables: fomenta una relación más consciente y menos impulsiva con los alimentos. Este hábito contribuye a disminuir la ingesta emocional, en la que se usa la comida como respuesta a estados emocionales negativos y también limita la ingesta externa, aquella que no responde a las señales internas de hambre y saciedad. Al contrario de lo que ocurre con el uso de las pantallas, la interacción social ayuda a mantener la atención en un contexto social saludable.

Esta investigación sostiene que el bienestar psicológico depende cada vez más de cómo comemos y con quién desarrollamos esta actividad. Y en este contexto, la digitalización no es un espacio de conexión, más bien al contrario, es un escenario de soledad que tiene consecuencias directas en la salud mental y en los hábitos alimentarios.

El estudio subraya también un patrón claro de vulnerabilidad: la adolescencia y los perfiles clínicos son quienes más recurren a las pantallas, más del doble de horas que la población general y quienes comen solos con mayor frecuencia, 7 veces más entre semana y 18 veces más los fines de semana en comparación con el grupo no clínico. Estos colectivos presentan un uso digital significativamente superior y un mayor riesgo psicosocial, reforzado por la creencia de que las redes son esenciales para la aceptación social. Comer solo aparece como un marcador de riesgo que debe abordarse en la intervención terapéutica, dado su impacto en la salud mental y en la conducta alimentaria.

Según esta investigación de CIBEROBN, la digitalización ha transformado por completo el acto de comer, convirtiendo la presencia de pantallas en un elemento habitual en la mesa. El 98% de las personas comen con dispositivos, lo que evidencia que la tecnología ha ocupado un espacio antes reservado a la convivencia y el diálogo. Este cambio, según se desprende de esta investigación, ha debilitado el carácter social de las comidas, favoreciendo entornos más solitarios y afectando directamente al bienestar psicológico, especialmente en poblaciones vulnerables que utilizan las pantallas como refugio ante el aislamiento.

El móvil ‘domina’ las comidas

Los resultados muestran que el móvil es el dispositivo dominante durante las comidas y que su uso está asociado a estilos de ingesta menos conscientes, guiados por estímulos externos y no por señales internas de hambre o saciedad. Esta distracción digital genera un estado de alerta que dificulta la degustación, fomenta comer de forma impulsiva y dificulta la relación social. Además, el tiempo y momento de exposición a redes sociales aumenta la dependencia emocional de estas plataformas, creando una ilusión de conexión que, en la práctica, profundiza la soledad, e influye negativamente en el descanso y horas de sueño.

Tal y como señala Fernando Fernández-Aranda, subdirector de CIBEROBN y coordinador del estudio “el acto de comer no constituye únicamente una actividad relacionada con la ingesta nutricional, sino que representa un entorno para la promoción del bienestar psicológico. La presencia de dispositivos móviles durante las comidas interfiere en los procesos de interacción social, reduciendo la calidad de las relaciones interpersonales y debilitando un factor protector asociado a la cohesión social, la regulación emocional y los hábitos alimentarios saludables. Comer en compañía y sin pantallas no responde a una visión idealizada del pasado, sino a prácticas respaldadas por la evidencia científica en salud física y mental”.

Para Berta Madera, responsable de estudios de IKEA en España “este informe nos permite poner ciencia a una intuición: las personas disfrutamos de la compañía durante las comidas, haciéndolas más placenteras. Además, nos muestra con cifras cómo las pantallas han modificado nuestra manera de relacionarnos con la comida. Con los resultados de estos dos estudios queremos invitar a la reflexión y a la movilización desde el rigor, con datos y cifras que nos ayuden a comprender, y, sobre todo, a mejorar el modo en el que comemos y cocinamos”.

Un estudio multidisciplinar en el que la Universidad Rey Juan Carlos ha jugado un papel esencial y que pone en valor el trabajo entre diferentes entidades públicas y privadas