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Jueves 26 de Febrero de 2026 a las 11:00

Venus pierde mucho menos calor que la Tierra

La URJC participa en un estudio internacional que presenta el primer mapa global del flujo de calor de Venus. La investigación demuestra que este planeta, a diferencia de la Tierra, apenas se está enfriando. Los resultados revelan diferencias profundas en la dinámica interna de ambos planetas y ofrecen nuevas claves sobre su evolución geológica.

Redacción

Aunque la Tierra y Venus suelen considerarse “planetas gemelos” por sus tamaños y masas similares, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), la Universidad de Cádiz (UCA), la Technical University of Denmark y la University of Ottawa, demuestra que su funcionamiento interno es radicalmente distinto. La investigación presenta el primer mapa global del flujo de calor de Venus y revela que el planeta disipa proporcionalmente mucho menos calor que la Tierra.

Venus está envuelto por una atmósfera de dióxido de carbono con una presión 90 veces superior a la terrestre, lo que provoca un efecto invernadero desbocado con temperaturas superficiales cercanas a los 470ºC. Pero las diferencias no se limitan a la superficie: las estructuras geológicas observadas en ambos planetas también son muy distintas, lo que sugiere dinámicas internas divergentes.

En la Tierra, la dinámica interna está dominada por la tectónica de placas. La mayor parte del calor interno se libera en las dorsales oceánicas, donde se crea nueva corteza. También contribuyen la circulación hidrotermal en el fondo marino y los llamados puntos calientes, como el que origina el archipiélago de Hawái.

Actualmente, el interior de la Tierra se enfría de forma muy eficiente gracias a la tectónica de placas: el calor que escapa por su superficie es entre dos y tres veces superior al generado por la desintegración de elementos radiactivos presentes en su interior. Esto significa que nuestro planeta está perdiendo energía interna de manera activa y sostenida.

A diferencia de la Tierra, no disponemos de mediciones directas del flujo de calor de Venus. Sin embargo, este puede estimarse a partir de las propiedades de su litosfera, la capa externa rígida del planeta, ya que el comportamiento de las rocas depende de la temperatura.

Hasta ahora, los estudios existentes habían analizado regiones concretas. El nuevo trabajo va más allá y ofrece el primer mapa global del flujo de calor venusiano, lo que permite estimar la pérdida total de calor del planeta. Los resultados, publicados en la revista Communications Earth & Environment, indican que “la pérdida total de calor de Venus es similar a la cantidad de calor generada por la desintegración de elementos radiactivos en su interior”, según explica Javier Ruiz Pérez, primer autor del trabajo e investigador del departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid. Esto implica que el planeta se está enfriando muy lentamente, o incluso podría estar experimentando un ligero calentamiento interno. En comparación con la Tierra, Venus disipa proporcionalmente mucho menos calor.

El patrón geográfico del flujo de calor en Venus es mucho más homogéneo que en la Tierra. Esta diferencia se explica por la ausencia de tectónica de placas activa. Mientras que en la Tierra el calor se concentra en límites de placas bien definidos, en Venus la distribución es más uniforme. No obstante, “el estudio identifica zonas con valores elevados de flujo de calor asociadas a sistemas de rifts, donde la litosfera se está separando, procesos que recuerdan a los que ocurren en la Tierra”, según Alberto Jiménez Díaz, profesor del área de Geología de la Universidad Rey Juan Carlos.

El balance global de calor y su distribución geográfica muestran que la dinámica interna de Venus es profundamente distinta a la terrestre. “Aunque ambos planetas comparten tamaño y composición general, su evolución térmica ha seguido caminos muy diferentes”, añade Isabel Egea González, investigadora de la Universidad de Cádiz.

Estos resultados ayudan a comprender no solo la historia geológica de Venus, sino también los procesos que determinan la habitabilidad y evolución de los planetas rocosos, incluido el nuestro.