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星期五, 12 3月 2021 07:15

Los perros de la OIAA colaboran en el aula de Trastorno del Espectro Autista del Alonso Cano

‘Nike’, un perro de la Oficina de Intervenciones Asistidas con Animales (OIAA) de la URJC ayuda a niños y niñas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) del colegio de infantil y primaria mostoleño a trabajar diferentes capacidades cognitivas de una manera más intuitiva.

Raúl García Hémonnet/Redacción

El ‘Aula de Hormigas’ del CEIP Alonso Cano de Móstoles tiene un nuevo alumno. Es peludo, anda a 4 patas y se llama ‘Nike’. Cada día, los pequeños y pequeñas con TEA del centro pasan unas horas con ‘Nike’ y su técnico, Carmen Martín, de la OIAA, que guía las actividades en el aula.

 El trabajo que realizan los responsables de la Oficina de Intervención Asistida con Animales en este espacio es adaptar la enseñanza a las diferentes necesidades que presentan los estudiantes, todo ello sobre la base de la inclusión y el acercamiento de una manera lúdica. Martín indica que a pesar de que los resultados son lentos, el tratamiento acaba notándose de manera significativa en los niños que lo reciben.

En el proyecto están involucrados varios profesionales que intentan que los niños se diviertan en cada sesión, a la vez que avanzan en su desarrollo cognoscitivo y emocional. Algunas de las actividades conjuntas que proponen son circuitos entre los compañeros para fomentar el contacto visual directo y la pronunciación de frases.

El Trastorno del Espectro Autista, según lo define la Confederación Autismo España es “un trastorno de origen neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en dos áreas principalmente: la comunicación e interacción social y la flexibilidad del pensamiento y de la conducta”.

Avanzar a través de la interacción espontánea

La Terapia Asistida con Animales, además de mejorar las habilidades adaptativas, potencia el intercambio comunicativo a través del perro, favorece las funciones ejecutivas como la memoria, atención y planificación y también les ayuda a trabajar el contacto visual.

Uno de los psicólogos responsables del proyecto, Jaime Ramírez, asegura que la intervención del animal “facilita el avance de la terapia debido a que la interacción que inicia el estudiante con el perro se produce de manera espontánea”. Una de las características del TEA es la dificultad a la hora de interpretar y reproducir emociones, tanto ajenas como propias. Por esta razón, Ramírez asegura que “gracias a la presencia del animal, se puede trabajar de una manera mucho más efectiva con los usuarios”.

Para Eloísa Solís, directora del CEIP Alonso Cano, “este tipo de iniciativas suponen una enseñanza de vida, no solo para el alumnado, sino para todos los profesionales que trabajamos en el centro”.

Una nueva muestra de la responsabilidad social de la Universidad Rey Juan Carlos y el compromiso con la transformación de su entorno más cercano.