Redacción/ Alba Junquera
En la Península Ibérica, donde la restauración forestal ha sido una constante durante el último siglo, surge una pregunta crucial: ¿permiten las plantaciones recuperar los niveles de biodiversidad que tienen los bosques maduros? El IICG de la Universidad Rey Juan Carlos ha llevado a cabo una investigación que pone el foco en la repoblación de pinos y en las comunidades de hormigas, un grupo característico de los bosques maduros.
El trabajo, publicado en la revista científica Forest Ecology and Management, analiza 45 bosques de Madrid y Castilla‑La Mancha, incluyendo plantaciones de distintas edades y bosques maduros bien conservados. Los investigadores examinaron la composición y diversidad de las comunidades de hormigas, un grupo de organismos muy importante al considerarse bioindicadores por su sensibilidad a los cambios que ocurren en su entorno y por su rol en el funcionamiento del ecosistema.
Los resultados revelan que las plantaciones permiten recuperar un gran número de especies, pero no muestran una evolución hacia la biodiversidad que tienen los bosques maduros, incluso pasado un siglo. “No solo importa cuántas especies haya, sino qué especies son y qué papel tienen en el ecosistema”, explica Estrella Conde Raposo, investigadora del IICG.
Más allá de la comparación entre tipos de bosques, el estudio confirma que la estructura forestal es determinante. La altura media y la variación del grosor de los árboles condicionan la presencia de especies. Estos atributos son más frecuentes en bosques maduros, lo que explica su capacidad para sostener comunidades más diversas y funcionalmente ricas.
La pérdida global de bosques maduros desde finales del siglo pasado hace aún más relevantes los resultados del estudio, que evidencian que estos ecosistemas no son fácilmente reemplazables. Por ello, es muy importante cuidar los que aún persisten, y al mismo tiempo, orientar la gestión de las plantaciones hacia estructuras forestales más diversas. De esta manera, estos pinares pueden llegar a ofrecer refugio a las especies forestales que caracterizan a las comunidades de hormigas de los bosques bien conservados.
El trabajo forma parte del proyecto BioForest, liderado por el IICG‑URJC y apoyado por la Fundación Biodiversidad del MITECO, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.